El SNTE y la cuarta etapa: ¿otra crisis?

Nota publicada el dia: 2018-09-03 | Por Bulmaro Pacheco

La estrella de Carlos Jonguitud Barrios empezó a brillar con intensidad cuando llegó primero en 1971 al Comité Nacional de Vigilancia del SNTE, en la breve gestión de Carlos Olmos Sánchez, y después a la conducción de la corriente mayoritaria del sindicato a partir de septiembre de 1972, la cual se denominó Vanguardia Revolucionaria del SNTE; que se constituyó de manera formal en septiembre de 1974.

En la gestión de Eloy Benavides Salinas (1972-1974) continuó con ese carácter y posteriormente como dirigente sindical formal, mediante el X Congreso Nacional Ordinario de febrero de 1974, en la Secretaría General del CEN del SNTE. De ahí despegó.

Fue director del ISSSTE en los primeros años del gobierno de José López Portillo y de después –sustituido por Carlos Sansores– fue postulado por el PRI al gobierno de San Luis Potosí, donde permaneció de 1979 a 1985 con buenos resultados. Sería electo para el Senado de la República de 1988 a 1994 junto con Antonio Jaimes Aguilar.

Jonguitud conservó el liderazgo del SNTE durante 17 años, hasta el 23 de abril de 1989. Desde esa posición, impulsó las dirigencias formales de: Eloy Benavides, José Luis Andrade Ibarra, Ramón Martínez Martín, Alberto Miranda Castro, Antonio Jaimes Aguilar y, brevemente, Refugio Araujo del Ángel (del 13 de febrero al 23 de abril de 1989). A Jonguitud, que había llegado al control del sindicato a la caída de Jesús Robles Martínez y su grupo, le tocaría la gestación de la CNTE en Chiapas, en 1979.

Cabe mencionar que de 1949 a 1972 el liderazgo en el SNTE lo tuvo el  Politécnico Jesús Robles Martínez, quien fue secretario general del SNTE de 1949 a 1952. Sería también diputado federal (1952), senador (1964), Director de Banobras (1964) y dirigente nacional de la FSTSE (1961).

El liderazgo de Robles Martínez en el SNTE duró 23 años. En ese periodo, fueron dirigentes el mismo Robles Martínez, Manuel Sánchez Vite, Enrique W. Sánchez, Alfonso Lozano Bernal (Enrique Olivares Santana, presidente de la Comisión Nacional de Vigilancia), Alberto Larios Gaytán, Edgar Robledo Santiago (Refugio Esparza Reyes, presidente de la Comisión Política), Félix Vallejo Martínez y Carlos Olmos Sánchez. La mayoría de ellos fueron gobernadores, senadores o diputados.

A Robles Martínez le tocaría el ascenso del Movimiento Revolucionario del Magisterio, encabezado por Othón Salazar, que tuvo su mayor expresión en 1958 en la Sección 9 del SNTE del entonces Distrito Federal.

En 1989 llegaría a la dirigencia nacional la profesora Elba Esther Gordillo (exsecretaria delegacional en Ciudad Nezahualcóyotl, secretaria general de la sección 36 del Estado de México, y exsecretaria de Finanzas y Trabajo y Conflictos de Preprimarias en el CEN, y persona muy cercana al dirigente Carlos Jonguitud.

Elba Esther fue secretaria general por dos períodos, de 1989 a 1995. Como jefa del control político sindical, impulsó a Humberto Dávila Esquivel, Tomás Vásquez Vigil y Rafael Ochoa Guzmán, como dirigentes del propio sindicato.

En la transición, y ya en el gobierno de Vicente Fox, fueron varias las organizaciones que cambian sus estatutos para transformar en presidencias (a sus liderazgos) lo que antes eran las secretarías generales y poder así optar por la reelección consecutiva en sus organizaciones. También lo hicieron Joel Ayala en la FSTSE y Heladio Ramírez en la CNC.  En 2004 se reforman los estatutos del SNTE y en el artículo 77 se establece que: “El Comité Ejecutivo Nacional tiene un funcionamiento colegiado y se integra por una presidencia nacional, una secretaría general ejecutiva” y varios colegiados nacionales.

La primera presidenta fue la profesora Gordillo, electa en 2004, y en esa calidad duraría nueve años. En total serían 24 años con el control del SNTE, de 1989 a 2013.

Varios fueron los ingredientes que marcaron sus acciones: fue diputada federal por el PRI en tres ocasiones: 1979, 1985 y 2003, senadora en 1997. secretaria general del CEN del PRI en 2002, y dirigente nacional de la CNOP de 1996 a 2002.

En 2005 forma el Partido Nueva Alianza, como una fuerza política derivada de la organización magisterial, y en 2006 postula su primer candidato presidencial: Roberto Campa Cifrián.

En el gobierno de Felipe Calderón le otorgan a gente allegada a la profesora Gordillo las direcciones del ISSSTE y Lotería Nacional. Fox ya les había otorgado el ISSSTE, y en los hechos también la titularidad de la SEP con Reyes Tamez Guerra –que al final terminó— como diputado federal del PANAL.

Juan Díaz de la Torre fue electo secretario general ejecutivo del CEN del SNTE en junio de 2011, y en octubre de 2012 como secretario general. En una situación de emergencia para el sindicato, en el Consejo Nacional (XXXVI Sesión extraordinaria) celebrado en Guadalajara, los días 27 y 28 de febrero del 2013 y según lo establecido por el estatuto del SNTE, Díaz de la Torre fue electo presidente en sustitución de Elba Esther Gordillo, con 268 votos a favor, cero en contra y una abstención, según los datos proporcionados por la propia organización sindical.

El pasado 7 de agosto se dio a conocer que la profesora Gordillo había logrado su libertad después de un largo proceso que duró poco más de cinco años. El documento signado por el Primer Tribunal Unitario en Materia Penal del Primer Circuito y el magistrado Miguel Ángel Aguilar López dice que : “Se declara fundado el incidente no especificado de sobreseimiento, que solicita a petición de parte la referida encausada conforme al artículo 301 del Código Federal de Procedimientos Penales”. Por lo tanto, “Se decreta la absoluta e inmediata libertad de Elba Esther Gordillo Morales únicamente respecto de los delitos: Operaciones con recursos de procedencia Ilícita y Violación a la ley federal contra la delincuencia organizada”.

Pero llama la atención que en la sentencia absolutoria de 244 fojas, no se niega sino que se confirma que Elba Esther Gordillo sí se benefició de las transferencias bancarias efectuadas, pues se realizaron exagerados pagos de productos y servicios personales por varios cientos de millones de pesos, recursos que se acepta provenían de las cuotas sindicales—que el gobierno le descuenta directamente al trabajador y las entrega al sindicato—, pero como ella era la presidente del SNTE, no se configuraron los delitos aludidos. Aunque cualquier persona advierte que esos abultados gastos pudieran ser totalmente ajenos a los fines y objeto del sindicato, lo cual sería materia de otro análisis.

En esas circunstancias la profesora Gordillo dio una declaración pública el 20 de agosto pasado, durante la cual dejó escapar la afirmación de que ese día la reforma educativa se había “derrumbado”, y dejó entrever que podría regresar al liderazgo nacional del sindicato, lo que, de conformidad con la opinión de la dirigencia actual –según ha trascendido en algunos informes–es jurídicamente improcedente.

En las etapas históricas que han definido el rumbo político del SNTE (Robles Martínez, Jonguitud y Gordillo) ha sido fundamental la intervención de los presidentes de la República (Miguel Alemán, Luis Echeverría, Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto), para la llegada, el despegue y la caída de los dirigentes dominantes del SNTE.

¿Qué les pasó? ¿Por qué cayeron? Quizá ignoraron que el poder que detentaron por años como dirigentes reales del sindicato se los había prestado y otorgado el Estado temporalmente y, al final, por una u otra razón estaban retando al poder del Estado, queriendo condicionar sus decisiones, y algunos autoproclamándose “vitalicios”. No en balde las cosas habían cambiado ya en el sistema educativo y en la política nacional mediante la expansión y ampliación de la cobertura educativa, el crecimiento del sindicato y la pluralidad política.

En 69 años el salto cuantitativo en materia de educación ha sido enorme. Entre 1949 y 2018 el sistema educativo nacional pasó de 560 mil estudiantes, 66,577 profesores y 23,818 escuelas, a 36.6 millones de alumnos, 2,064,775 profesores y 257,425 escuelas.  México pasó de 25.7 millones de habitantes en 1950 a 120 en el 2015. El SNTE pasó de 70 mil a más de 2 millones de miembros –entre activos y jubilados– en ese lapso.

También se avanzó en la pluralidad de las organizaciones, y el SNTE no fue la excepción. A mediados de los cuarenta con la política de Vicente Lombardo Toledano (fundador del SNTE); y a partir de la década de los cincuenta con las posiciones que tuvieron el MRM y el PPS en el Comité Nacional –el segundo, con representación por muchos años, y el primero, además, con presencia de base, aunque minoritaria, de 1958 hasta fines de los sesenta del siglo pasado–; y con la CNTE, que desde 1979 se mantiene como grupo de presión, fundamentalmente en algunos estados y secciones sindicales en el sur del país.

Otro elemento que se podría considerar es el caso del ya citado Partido Nueva Alianza como brazo político del SNTE, en el cual ha prevalecido el pragmatismo en su participación en elecciones federales y locales, pues se definió con base en prioridades dictadas por su principal dirigente, de acuerdo con la entidad y candidatura a promover, según el interés del momento, aunque buscando promover su propia agenda. En ocasiones el PANAL aliado con el PAN, en otras con el PRI, hasta que en la elección del 2018 dicho partido no logró obtener el 3% exigido por la Ley para conservar el registro, y ha desaparecido del escenario nacional, si bien conserva el registro estatal en 18 entidades.

Otro ingrediente más en el impacto político que vive la organización de los maestros es: ¿Qué va a pasar en el SNTE ya con el nuevo gobierno? ¿Hacia donde irá su cuarta etapa?

Ahora va a depender más de sus miembros de base y dirigencias nacional y locales que del futuro gobierno, que —hasta hoy— se ha manifestado respetuoso de la autonomía gremial. Ya no son las mismas condiciones de 1949, 1972 y 1989 como para repetir esas historias. Otro México, otros tiempos, otra política, otra pluralidad, otras condiciones en la relación del Estado con las organizaciones y sin duda, otras prioridades.

Si en el 2013, la organización sindical más grande de América latina inició su cuarta etapa, no tendrá más que continuarla hacia el fortalecimiento de su estructura y al servicio de las mejores causas de la educación pública en México. No hay de otra.

 

bulmarop@gmail.com

Opiniones

Comenta ésta nota

Su correo electrónico no será publicado. Son obligatorios los campos marcados con *