“Dream team” de Meade, una mezcla de priistas, expanistas y tecnócratas sin vínculos ni coordinación

Nota publicada el dia: 2018-02-03 | Por Redacción

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El “dream team” de José Antonio Meade es una mezcolanza de nuevos y viejos priistas, expanistas y tecnócratas de la información que se han sumado en los últimos dos meses con funciones que se repiten y otras más que no se reflejan de manera efectiva en las actividades del precandidato presidencial del PRI, que sigue anclado en el tercer lugar, detrás de Andrés Manuel López Obrador y de Ricardo Anaya.

Desde que fue nombrado precandidato a la Presidencia por el PRI, en noviembre pasado, cada semana Meade Kuribreña ha sumado a su equipo de trabajo a personajes tan disímbolos y de distintas generaciones en la administración pública y en el partido, que no comparten criterios ni formas de hacer política.

Por ejemplo, Aurelio Nuño, coordinador de la campaña, priista de historia reciente, y Vanessa Rubio, subsecretaria de Hacienda y Crédito Público con una carrera en la administración pública a partir de 1994, ahora coordinadora de la Oficina del precandidato, nada tienen qué ver con el exgobernador del Estado de México, Eruviel Ávila, quien se desempeña como vicecoordinador de la campaña o con el viejo político José Ramón Martel, a quien asignaron como asesor político.

Tampoco se ven vínculos estrechos entre el senador panista Javier Lozano, como vicecoordinador de mensaje y vocero oficial de José Antonio Meade, con Heriberto Galindo Quiñones, asesor político de la campaña, un viejo lobo de las áreas de comunicación social en al menos cinco instituciones desde hace varias décadas, cuando las críticas de algunos medios al gobierno se arreglaban con una llamada suya a los directivos o directamente a los reporteros.

¿Qué vinculación se puede dar o puede haber entre Alejandra Sota, asesora en materia de comunicación y opinión pública en la precampaña, con los exreporteros de Televisa y operadores de prensa Eduardo del Río y Enrique Rodríguez?

De la misma manera, ¿qué vínculos pueden darse entre Alejandra Lagunes, coordinadora de Estrategia Digital de la Presidencia, con las otras dos voceras de la precampaña: la senadora Ana Lilia Herrera Anzaldo y la diputada federal Mariana Benítez Tiburcio, quienes apenas han asomado la cabeza para defender la imagen y el discurso de Meade?

Más: qué pueden hacer José Luis Romero Hicks como vicecoordinador México y Ciencia, que tendrá a su cargo la generación e impulso de agendas relacionadas con innovación tecnológica, desarrollo urbano, fomento a las exportaciones y comercio internacional, con el panista Julio DiBella Roldán, quien ayudará a construir una red ciudadana más participativa e incluyente, cuando fracasó en la asesoría que le dio a Josefina Vázquez Mota en sus campañas presidencial en el 2012 y para la gubernatura del Estado de México en 2017.

La integración del equipo de campaña de José Antonio Meade parece no tener un rumbo claro ni una estrategia definida. Por los perfiles de cada participante, su integración parece más una concesión a grupos de presión que una línea definida que lleve al candidato a mejorar su posición a un mes de que empiece la campaña electoral.


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  1. Al filo del incumplimiento de un fallo de la Suprema Corte que lo obliga a legislar sobre los criterios de la publicidad oficial, el Congreso está empantanado en sus procedimientos. Por su parte, los corporativos mediáticos no parecen dispuestos a sanear el ámbito informativo, pues ignoraron la convocatoria de las organizaciones civiles agrupadas en el colectivo #MediosLibres para pedir a los legisladores que establezcan ya una regulación precisa de los montos y criterios para otorgar publicidad oficial, así como los controles del gasto y las sanciones a quien incumpla esas normas.

  2. Al cierre del periodo de precampañas, la del PRI no ha tenido la fuerza que se esperaba del partido en el poder, lo que el especialista Jorge Buendía  atribuye en parte a la indefinición en el perfil político de su aspirante, José Antonio Meade. Para colmo el PVEM y el Panal, incondicionales del tricolor desde hace sexenios, enfrentan conflictos que provocan un éxodo de militantes hacia Morena y ponen de cabeza los cálculos de los estrategas electorales.